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Testimonio desde Tierra Santa
UNA NAVIDAD EN BELÉN


Por Enrique Arenz

Cuando salimos para Tierra Santa el 21 de diciembre ya se percibía la inminencia de la guerra. Cinco días antes, el 16 de diciembre, había terminado la tregua entre Hamas y el Estado de Israel. Las autoridades de Gaza se negaron a renovarla y reanudaron los disparos de misiles hacia territorio israelí.

No obstante, el grupo de peregrinos al que pertenecíamos no estaba dispuesto a desistir de su propósito: pasar una Nochebuena en la ciudad de Belén.

Por complicaciones en los vuelos desde Roma llegamos a Jerusalén el 23 por la noche. La antigua Judea, con sus colinas de suaves declives y sus áridos y pedregosos valles, se preparaba para el oficio religioso más conmovedor del cristianismo: la misa de Nochebuena en la ciudad de Belén.

Es difícil expresar lo que se siente al llegar a Belén, cuya población es de algo menos de cuarenta mil habitantes, de los cuales cinco mil son cristianos. Estar aquí el 24 de diciembre es un privilegio indescriptible: el espíritu de la Navidad impregna cada rincón de esta milenaria y bella ciudad.

Decir que se percibe el aleteo de los ángeles en el Campo de los Pastores, o en la Gruta de la Natividad, o en el interior de la Iglesia de Santa Catalina es apenas una imperfecta metáfora de las emociones intensas que se le atropellan a uno en el corazón. Si hay un lugar donde se aprende el significado profundo de la llegada del Salvador, es en este ámbito de fe y religiosidad donde cada piedra y cada colina parecen decirnos que escucharon el suave roce de las sandalias de Jesús el Galileo.

Belén es una ciudad palestina desde el acuerdo de 1994. Está a escasos once kilómetros de Jerusalén, que es la capital del Estado de Israel. Dos lugares sagrados incrustados en medio del conflicto interminable del Medio Oriente. Daniel Baremboim, el intelectual argentino judío que más hizo por reconciliar a los dos pueblos en el simbolismo de la música, declaró recientemente: “El conflicto entre Israel y Palestina no es un conflicto político. Es un conflicto humano. Es el conflicto entre dos pueblos que sienten el derecho de vivir en una misma tierra”. Y agregó contundente: “Tiene que haber una forma más inteligente de resolver esto que no sea con bombas y misiles”.

El 24 la tensión bélica se percibe creciente en las noticias televisivas habladas en hebreo o en árabe. La inminencia de una guerra se refleja en el preocupado rostro de las personas, sean judíos o árabes. Sin embargo, es tal el clima de  de paz y amor que predomina en la víspera de Navidad, que uno se siente aislado del peligro, como formando parte de ese mundo milenario y mágico que describen los Evangelios y el Antiguo Testamento. Los peregrinos pasean despreocupados, incluso de noche, por los callejones de Belén, uno de los pocos lugares seguros de Palestina.

Impacientes esperamos la Misa de Gallo que se celebrará como hace siglos en la Iglesia de Santa Catalina. Los padres franciscanos, que tienen la custodia de Tierra Santa desde 1347, son los encargados de organizar la emotiva ceremonia.

Por razones de seguridad, y debido a la gran cantidad de peregrinos, debimos esperar durante varias horas bajo la llovizna y el frio hasta poder entrar en la basílica de Santa Catalina, adyacente a la Gruta de la Natividad. A las doce de la noche el rebato apasionado de las campanas de Belén indica que estamos en Navidad y que comienza la esperada Misa de la Nochebuena. Preside la imponente ceremonia el patriarca de Jerusalén, con la presencia de todos los obispos de Israel, prelados de otras iglesias cristianas, representantes de todos los credos, incluidos los judíos no ortodoxos, y con la asistencia infaltable del mismísimo presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mohmed Abbas.

En los minutos previos se han escuchado en el templo todos los idiomas, se han contemplado exóticas vestimentas (como los uniformes de la Guardia Turca o los vistosos kimonos de peregrinas japonesas católicas), y se han observado todas las etnias y nacionalidades, clara demostración de la universalidad de la Iglesia Católica.  

La Misa se oficia principalmente en árabe y en latín. Las lecturas y la homilía del patriarca se repiten en varios idiomas, incluido el español. Cuando la Misa finaliza, el patriarca toma amorosamente al pequeño recién nacido y con él en sus brazos encabeza, junto a todos los obispos de Israel, la procesión hacia la gruta de Belén. Lo preceden cientos de sacerdotes con vestimenta blanca que avanzan por el pasillo central del templo cantando el impactante Adestes Fidelis  (“Alegres adoremos al Niño Dios…”). La procesión llega por estrechos túneles hasta la gruta donde nació Jesús. El patriarca de Jerusalén desciende por escalinatas talladas en la piedra y deposita al niño sobre la milenaria estrella de plata que indica el lugar exacto donde se cree se produjo ese acontecimiento. Comienza a continuación el desfile interminable de peregrinos para adorar al Niño Dios.

Toda la ceremonia es profundamente emotiva, pero el momento culminante de la procesión conmueve hasta las lágrimas.

En 1223 San Francisco de Asís asistió a la Misa de Nochebuena en Belén y quedó tan impresionado que solicitó permiso al Papa Honorio III para hacer una representación similar en una cueva cercana a su ciudad natal. Fue el primer pesebre que se realizó en Europa y en el mundo.

Belén vive la Navidad todo el año, pero es en diciembre y en enero cuando se engalana para las dos grandes ceremonias: la católica en diciembre y la de la Iglesia Ortodoxa Griega en enero. La ciudad ilumina y adorna sus calles y comercios. Sorprende que las tradiciones occidentales hayan llegado a este rincón del mundo, desde el árbol de Navidad, las guirnaldas de luces, el acebo y hasta la figura bonachona de Papa Noel que se puede ver por todas partes. Todo allí es alegría y expectativa.  Hasta los musulmanes de Belén comparten el espíritu festivo con los cristianos en uno de los más bellos gestos de convivencia y espiritualidad, valores que se conjugan casi milagrosamente en esa ciudad santa, que también lo es para los judíos, porque Belén fue la cuna del rey David.

El 27 de diciembre comenzó el bombardeo israelí sobre la franja de Gaza. Un nuevo capítulo de sangre y horror de ese interminable conflicto entre dos pueblos que algún día tendrán que hallar la manera de convivir pacíficamente en la misma tierra.

Jerusalén, 28 de diciembre de 2008

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Publicado por el diario La Capital de
Mar del Plata, el 11 de enero de 2009


© Enrique Arenz
Se permite su reproducción en Internet
citando, como fuente original, al diario La Capital
de Mar del Plata y a este sitio web

enriquearenz@gmail.com



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